domingo, 2 de noviembre de 2008

Eco de Luz


Ha sido un buen día. La paz dominical acostumbrada. Liqs me invitó a ver las fotografías de la fiesta de anoche con un gallo cuya canala era de chocolate, y además, estuvo buenísimo. Mi madre hizo sushi y se fue a las maquinitas de un casino cercano a la casa. Ahora es víctima del juego, y la televisión, no tiene cabida en su vida. A veces siento que el cuarto de la televisión llora su ausencia. Mi padre, no sé. Dice que vendrá en la noche. Él se ha dedicado a viajar cada que puede y alejarse del mundo. Últimamente no lo he visto mucho y cada que me ve tratamos el mismo tema: Mi desmesurada fiesta. Y mi respuesta es la misma siempre -a eso me pienso dedicar.

He pasado de pseudo cholo anarquista metalpunketo raver a algo que lleva por nombre fiesta y parece no terminar. Mi cuerpo es esponja de los alcoholes citadinos en fiestas de excesos. No ha perdido sentido la vida. Sigue teniéndolo. Ayer sólo bebí una cerveza, lo cual agradezco después de 4 semanas de peda. Por dentro mi cuerpo grita nuevos achaques y cansancios.

La música se ha convertido en una adicción más fuerte que todo lo demás, más que la misma fiesta. Me reservo las razones del súbito cambio de interés vocacional pero soy alguien realista. Sin embargo, no afirmo nada con seguridad pues el mundo es mi campo de juego y yo quiero jugar.

Mi juventud hasta el momento ha sido maravillosa y pretendo seguir de esta forma. Con felicidad, con fiesta, con música. No quiero que termine, y si lo hace, será por algo mejor, aunque en este momento, no se vea en el horizonte ninguna otra cosa.

Mi madre descubrió un nuevo vicio. Mi padre un escape. Y yo una nueva vocación. ¿O todos encontramos lo mismo?


Soy el eco de luz de la luz que fui y hay una nueva voz, que ilumina mi viaje.

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